Allí, sobre el cuerpo negro y pulsátil del Ser, se arracimaba
una horda de criaturas reptiles sin rostro y de enormes alas, !agarrados
a una multitud de temblorosos y colgantes pechos negros!. Los ojos se
movieron rápidamente y por separado, deslizándose con una
asquerosa viscosidad sobre toda la putrefacta superficie de la brillante
y pastosa cabeza de Yibb-Tstll.
-- El horror de Oakdeene. Brian Lumley